Recursos de Agua de Puerto Rico
Aguas Subterráneas: MANANTIALES

En Puerto Rico existen cientos de manantiales de agua dulce y salina, primordialmente en la Región del Karso en la Provincia del Norte y en la zona montañosa de la Provincia Interior. La mayoría de los manantiales de agua dulce en la Isla descargan cantidades menores de agua subterránea a la superficie, o son intermitentes.  El USGS llevó a cabo en 1982-84 (Guzmán, 1988) un estudio de los manantiales principales en la Isla, que incluyó 17 manantiales principalmente en la Provincia del Norte. La localización general de los manantiales, y el nombre por el que se les conoce localmente se ilustra sobre la base de los acuíferos principales. Varios de los manantiales tienen el mismo nombre de "Ojo del Agua".
































Los manantiales son puntos de descarga de parte del agua subterránea que se infiltra a los acuíferos. En la Provincia del Interior Montañoso, donde los acuíferos son formados por rocas induradas de origen volcánico o intrusivo, grietas en las rocas actúan como conductos del agua desde las zonas de infiltración hasta los puntos donde afloran los manantiales. Es posible, como probablemente ocurre en el caso de los manantiales en Los Baños de Coamo, que el agua se infiltre en las montañas y/o sus laderas, y fluya a través de grietas hasta llegar a puntos de descarga en la parte baja de dichas laderas. En el caso de los manantiales en la Región del Karso, la disolución de las rocas calizas por la acción de la lluvia y la escorrentía forma conductos de tamaños variables que conducen en agua desde las zonas de sumideros hasta los puntos de descarga. En ambas instancias, tanto en la zona montañosa como en el Karso, el tiempo entre la recarga al acuífero y la afloración en el punto de descarga puede ser extremandamente largo o casi instantáneo.  La siguiente ilustración a la derecha del estudio de Guzmán-Ríos de 1988 ilustra el origen de los manantiales en la Región del Karso (texto en inglés).

















































Los manantiales en la Región del Karso generalmente reaccionan rápidamente aumentando su descarga con la lluvia en la zona donde ubican. El mejor ejemplo de esta interacción es el Manantial San Pedro en Arecibo.  Este manantial ubica en la vecindad de la confluencia del Río Tanamá con el Río Grande de Arecibo, aproximadamente una milla al sur de la costa atlántica, como se ilustra en la siguiente figura abajo.
Datos de flujos promedios diarios tanto en el manantial como en la estación operada por el USGS en el Río Tanamá (aproximadamente en el lugar donde se ilustra el nombre) se ilustran en las figuras a la derecha. El período de datos para ambas estaciones fue desde julio de 1993 a enero de 1996.  Este período de datos es importante pues incluye la sequía record de 1994. Los hidrogramas de los flujos promedios diarios en ambas estaciones reflejan las mismas tendencias de aumentos y disminuciones en el caudal. Los puntos rojos en el mapa arriba donde ubican el manantial y la estación son sumideros de la Región del Karso. El flujo en el río, que proviene desde las montañas entre Lares y Utuado, responde a la lluvia sobre la cuenca que lo alimenta. El manantial también responde a los cambios en lluvia, aunque aumentos en la turbiedad de su descarga sugieren que parte del flujo del río pudiera estar emanando por el manantial.  
En Puerto Rico también existen manantiales salinos en los valles costaneros de la Provincia del Norte. Los manantiales emanan en áreas donde la elevación del terreno es menor que el nivel del mar, y la geología de los materiales permite el flujo del agua de mar tierra adentro. La zona del Caño Tiburones entre Arecibo y Barceloneta recibe descargas significativas de varios manantiales salinos que son alimentados a través de conductos en las rocas calizas. Estos incluyen los denominados La Cambija y Zanja Fría en el Caño Tiburones (Zack, 1984). La Laguna Tortuguero también recibe el influjo de manantiales de agua dulce y salinos de menor magnitud (Quiñones, 1978). 

En la Provincia del Sur existen varios manantiales termales, incluyendo los de Coamo (Baños de Coamo) y Ponce (Quintana). Estos manantiales se alimentan de aguas que emanan de grietas que alcanzan zonas profundas en el manto terrestre. En estas zonas la temperatura de las rocas es elevada, evaporando el agua que se infiltra desde la superficie. El vapor se eleva hacia la superficie a través de grietas, condensándose antes de emanar en los lugares donde surgen los manantiales. En los manantiales de los Baños de Coamo, estos descargan un flujo promedio diario de 40,000 galones, variando a través del año desde 32,000 a 83,000 gpd (ver figura a la derecha). Los manantiales Quintana  han desaparecido debido posiblemente a interferencias con la recarga que alimenta las grietas que los nutren. 
La calidad del agua de los manantiales en Puerto Rico en 1984 era generalmente excelente, según documentado en el estudio del USGS (Guzmán-Ríos, 1988), excepto por concentraciones elevadas de bacterias de origen fecal en algunos lugares durante la época de lluvia. En estos casos, es evidente que estos manantiales reciben influjo de escorrentía superficial más rápidamente que la recarga. Aunque los manantiales no son una fuente de agua significativa para abasto público, en varias comunidades en la zona montañosa donde operan acueductos privados independientes, se utiliza agua de manantiales.  Estos sistemas (denominados no-Acueductos) están sujetos a las mismas reglamentaciones de calidad de agua que las plantas de filtración de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados.  Los dos informes sobre manantiales preparados por Senén Guzmán Ríos (USGS) pueden bajarse en formato PDF pulsando los links siguientes:












Un dato histórico curioso sobre el manantial Ojo del Agua de Aguadilla revela que los manantiales pueden surgir súbitamente debido a fuerzas externas extraordinarias. El Archivo Histórico de Puerto Rico incluye un documento que narra que hasta el 1785 el centro de Aguadilla ubicaba en lo que es ahora el Ojo del Agua, por su elevación ventajosa para defenderse de los piratas frecuentes que azotaban las costas de la Isla. El manantial fluía levemente abasteciendo la comunidad de unas cincuenta casas en una calle estrecha a su alrededor. El 25 de septiembre de 1785 el Huracán San Lupo (categoría 5) azotó a Puerto Rico, ocasionando lluvias extraordinarias, aumentando el caudal del manantial e inundando la calle del poblado.  Al pasar el huracán el flujo del manantial no retornó a su norma, desbordándose continuamente hacia la calle manteniendo un "fangal" que hacía la vida imposible a los vecinos. Este aumento sustancial y permanente en el flujo del manantial posiblemente fue ocasionado por la conexión durante el huracán de un conducto subterráneo mayor al que abastecía el manantial, ocasionado por la disolución de las rocas calizas de la zona por la abundante escorrentía que se infiltró en los sumideros al este del poblado. Los vecinos de Aguadilla se quejaron al Gobernador español de turno en Puerto Rico (Almirante Don Juan Andrés Daban y Busterino), quien escribió al Rey de España narrando del sufrimiento del poblado de Aguadilla, solicitando fondos para "encausar" el manantial. Meses después el Rey autorizó una partida de $500 pesos para las obras del manantial. Estas consistieron de la especie de fuente que existe al presente incluyendo un desague directo del manantial hacia la costa. La foto a la izquierda es el manantial en 1924 (National Geographic).
Inicio

DRNA, 2005
Inicio